CONCLUSIONES

La comprensión de la autorregulación y los contenidos que se le atribuyen a la noción

 

Los entrevistados asumen la autorregulación como un ejercicio autónomo dentro de cada uno de los medios de comunicación, para establecer sus propias normas y reglas de juego encaminadas a realizar la labor de informar de acuerdo a los estándares, políticas y necesidades puntuales de cada medio.

 

Tres de los entrevistados entienden el concepto de autorregulación de similar manera al ombudsman de la prensa de Suecia:  

 

"Como un ejercicio colectivo que deberían realizar los medios de comunicación para establecer sus propias reglas y así evitar la intervención del Estado a través de leyes que regulen la actividad periodística".

En las entrevistas se observó que algunos de los entrevistados tienen una noción básica de la autorregulación, confundiéndola con la autocensura, la línea editorial del medio, el manual de estilo, la clase de producto (entretenimiento, judicial, deportes) e incluso uno de los entrevistados considera que el ejercicio periodístico de autorregulación es y debe ser totalmente diferente para quienes informan a través de plataformas digitales. En general la definen de forma intuitiva.

 

 

 

 

Se observa cómo las definiciones de autorregulación varían según el perfil de los entrevistados: a nivel de directores/editores la relacionan con la responsabilidad social del medio de comunicación, en cambio los reporteros la relacionan con la función del periodista y se aleja de las definiciones académicas.  Se evidencia la falta de herramientas al interior de los medios que faciliten la apropiación de la autorregulación en las diferentes áreas de la organización, hay poco diálogo en este sentido entre directores/editores y reporteros.

 

De igual manera, entienden que se autorregulan cuando cumplen la ley, por ejemplo, no publicando imágenes o nombres de menores de edad involucrados en hechos noticiosos (regulado en el código de la infancia) o guardando la reserva de la fuente (establecido en la Constitución Nacional), respeto por los derechos humanos (regulado en la Constitución Nacional, Carta interamericana de derechos humanos etc.).

 

Igualmente, asumen que hay autorregulación cuando cumplen con los estándares indispensables para el ejercicio de periodismo: verificar que los hechos sean ciertos, contrarrestar las fuentes o tener equilibrio informativo. 

 

En general los actores consultados consideran que aplicar lineamientos éticos para ejercer su labor de informar, tales como preguntarse sí la información es útil a su causa, a la comunidad o al público receptor, conservar distancia de las fuentes, utilizar un lenguaje apropiado, así como informar con el enfoque adecuado, son criterios de autorregulación.

 

Algunos medios manifestaron que tienen manuales de estilo de la redacción y refirieron que realizan ejercicios de análisis y retroalimentación de la información que han publicado o que van a publicar, en general todos definen sobre la marcha y atendiendo a la casuística diaria de las noticias o la información sobre los temas sensibles.

 

Ninguno de los medios consultados tiene un manual de buenas prácticas o de autorregulación para el ejercicio periodístico.

 

A cada uno de los entrevistados se les solicitó citar tres aspectos que debería contemplar la autorregulación.

 

Las respuestas entregadas a esta pregunta, en su orden fueron:

1). Veracidad.

2). Responsabilidad.

3). Manejo de las fuentes.

4). Respetar derechos en las publicaciones.

Se identifica en las respuestas que algunos de los entrevistados consideran que se deben incluir como aspectos de autorregulación temas que ya están regulados por la ley como los derechos de los niños, los derechos fundamentales, el discurso del odio y la apología al delito. 

 

Otros consideran que debe haber autorregulación en temas como la diferenciación clara entre la publicidad y el contenido, la manifestación de los intereses económicos del medio, así como su postura ideológica, temas que resultan críticos, pero de interés general a la hora de informar porque generan enfoques editoriales diferentes que los lectores, televidentes, radio escuchas o lectores deben conocer. 

Un entrevistado consideró que hay que establecer un tribunal de ética periodística como mecanismo para que los medios se autorregulen y sancionen entre ellos mismos a quienes incumplan las normas que se hayan dado (como funciona en Suecia).

 

En lo que coinciden todos los entrevistados, es en la necesidad de que los medios se autorregulen en determinados aspectos durante su ejercicio periodístico. 

 

En las respuestas entregadas y que aquí se analizan, incluso, hay un medio que habla de que se autorregule “la autodeterminación de los pueblos” como un elemento de la misma.

 

En todas las respuestas se evidencia que si bien es cierto, los consultados consideran que deben existir temas objeto de autorregulación, tienden a confundir la necesidad de la regulación legal con la autorregulación, abriendo con esto un interesante espacio de trabajo entre ellos, no solo para definir y aclarar conceptos, sino para construir en consenso posiciones frente al Estado y sus posibles intereses de regular la actividad de ejercicio de la libertad de expresión.

 

En relación con las ventajas que se atribuyen a la autorregulación en los medios informativos, el análisis de esta pregunta arroja un gran insumo que evidencia el valor que el 99% de los entrevistados le da al proceso de autorregulación. 

 

En su mayoría, los preguntados calificaron la autorregulación como positiva especialmente por ser un acto de responsabilidad del medio y los periodistas, porque hace reflexionar sobre los errores, porque evita las prohibiciones legales impuestas por el Estado, genera mejor información y les otorga a los medios una mayor credibilidad, respetabilidad e impacto en sus destinatarios.

 

Uno de los entrevistados dijo algo muy importante y es que la autorregulación es el gran filón que los medios no han explotado para conquistar a sus audiencias, a través de contenidos responsables, reflexivos y de calidad.

 

Finalmente, vale la pena mencionar que el 12% de los entrevistados afirmaron que la autorregulación no es necesaria, consideran que con los ejercicios éticos es suficiente. 

 

Incluso, un entrevistado calificó la autorregulación como “desventajosa” para los medios pues -en su concepto- no permitiría que se elaboren contenidos de impacto y que llamen la atención, lo que ocasionaría que estos sean “aburridos” y “ladrilludos” pues “el análisis vende menos que el escándalo, el análisis vende menos que la emoción” concluyendo entonces que como consecuencia de la autorregulación se afectaría el rating de los medios. Una posición interesante para explorar las tensiones entre la autorregulación de contenidos y las expectativas económicas de los medios.

 

El balance de experiencias propias y observadas sobre autorregulación

 

En las experiencias recogidas tras el procesamiento de las entrevistas, se evidencian algunas prácticas autorregulatorias de manera no sistemática. Estos mecanismos se efectúan por nociones intrínsecas sobre ética periodística, y en otros pocos casos son establecidos en manuales o códigos de ética. 

 

Las entrevistas con los agentes del sector muestran que es un tema muy difícil porque no hay una única directriz sobre cómo manejar el tema de la autorregulación. En lo que sí se concuerda es que debe haber unos mínimos que pasen por el respeto a la información, desde las imágenes y el contenido, en temas como la protección a niños, niñas y adolescentes, cubrimientos de suicidios o atentados terroristas.

 

Así mismo se puede concluir que estos procesos se intensifican cuando el medio ha tenido algún incidente grave, como una denuncia que haya hecho alguien en defensa de su propio honor, de su buen nombre o alguna protesta que haya provocado su contenido.

 

En las respuestas se logra identificar que los entrevistados en su gran mayoría desconocen procesos de autorregulación de otros medios y los ejemplos citados corresponden a las prácticas ejecutadas en sus propias salas de redacción. 

 

Menos de una tercera parte de los consultados, se refieren a mecanismos reales de autorregulación.

 

Se destacan algunos ejemplos de autorregulación que resultan interesantes porque van en contraposición de la lógica comercial y consumista de la información que desarrollan algunos medios en afán de clickbait acudiendo a informaciones de confrontación y pugnas. Esto va desde la NO publicación de notas escandalosas con poco contenido periodístico de fondo hasta omitir los trinos de personajes famosos, regularmente convertidos en noticias.

 

 

En cuanto a la autorregulación en redes sociales el asunto es más complejo, hay una dicotomía en las voces frente a este tema. Algunos creen que los principios que se deben acoger para las redes vienen del método tradicional porque el periodismo no ha cambiado sus reglas básicas. Para otros sí se hacen necesarios manuales y nuevas formas de pensar la autorregulación en relación con las redes sociales. En ultimas, donde sí coinciden es que “el buen periodismo se impone sobre cualquier autorregulación”.

 

Solo un agente entrevistado, habló sobre la autorregulación que se debe implementar en los casos del derecho al olvido. Esta es una discusión que se viene dando desde hace varios años en Europa, en el Congreso de Ombudsman e incluso ha sido objeto de fallos de la justicia. Compete a los medios una continua actualización sobre los debates globales de autorregulación.

 

Un alto número de los ejemplos de autorregulación citados por los periodistas corresponden a sus propias iniciativas en sus cargos decisorios como directores o editores, no así, hacen parte de una política del medio. Se recomienda a los medios promover, incentivar y ejecutar mecanismos de buenas prácticas periodísticas dentro de sus salas de redacción.

 

Se evidencian algunas prácticas autorregulatorias, no sistematizadas o formalizadas dentro del medio, sino, resultados de decisiones que se toman sobre la marcha y atendiendo a la casuística del momento o coyuntura.

 

Se encuentra en las entrevistas que pequeños medios regionales, no tienen posibilidad de crear o acceder a manuales o códigos de ética fácilmente, dificultando la implementación de autorregulación en su ejercicio periodístico. Se recomiendan alianzas o cooperación para que pequeños medios accedan a capacitación, foros o eventos gremiales donde se impulse la autorregulación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las posibilidades que se encuentran para la autorregulación frente a la actuación del Estado

 

Las respuestas brindadas por los agentes del sector de la comunicación a las preguntas formuladas, constituyen un insumo invaluable para delinear una cartografía sobre la forma cómo se están comprendiendo, asumiendo o vislumbrando las posibilidades de operación sobre los conceptos de regulación y autorregulación de las informaciones, las comunicaciones y los medios en Colombia.

 

La veintena de entrevistados analizados en una de las aproximaciones al problema, está lejos de ser asumida como una muestra estadística del universo de medios, periodistas y organizaciones del sector de la comunicación que existen en el país.

 

Aun así, se puede afirmar que, en términos cualitativos, se trata de la toma de testimonio a un conjunto representativo de actores del campo de la comunicación; cuyas consideraciones, si bien es cierto, no se pueden generalizar en forma absoluta, sí permiten componer algún nivel de sistematización sobre la comprensión de las categorías de regulación y autorregulación.

 

No obstante que, las preguntas de trabajo formuladas se enfocaron prioritariamente en la “regulación” y la “autorregulación informativa”, las respuestas recaudadas entre los entrevistados desbordaron los límites y alcances de los interrogantes que les fueron planteados, extendiéndose al campo general de la autorregulación de las informaciones, las comunicaciones, los medios y las prácticas periodísticas y ciudadanas. Incluso aparecieron categorías como “autocontrol” y “autocensura” al tratar de narrar o caracterizar el ámbito de la “autorregulación”. 

 

Este puede ser interpretado como un hallazgo de los testimonios recaudados, en tanto, emerge la pregunta: ¿De qué elementos, términos, conceptos o dimensiones está dotada o compuesta la noción de autorregulación que tienen algunos agentes colombianos del sector de la comunicación y los medios?

 

Efectuadas las anteriores precisiones, a continuación, se examinan algunas observaciones puntuales respecto de los testimonios recogidos.

 

Dentro de las preguntas planteadas, la gran divisoria está trazada por las acciones de “regulación” que serían de competencia del Estado y de “autorregulación” que, en principio, constituirían una facultad de los periodistas y los medios.

 

En este sentido, claramente, se aprecia que la autorregulación es comprendida como una acción libre de los periodistas y los medios, tendente a atenuar la posibilidad de intervención del Estado o de las ciudadanías sobre los medios, con el consecuente riesgo para el ejercicio de las libertades de expresión, información y prensa.

 

Frente a la pregunta por los aspectos que serían de exclusiva regulación del Estado, se encuentra que, en forma tajante, algunos actores señalan que el Estado no debe intervenir de ninguna manera frente a las informaciones y los medios.

 

Entre los agentes que reconocen que el Estado debe intervenir en las comunicaciones, las informaciones y los medios, se observa la existencia de opiniones que se diferencian respecto del grado de tales actuaciones.

 

Así, la gama de grados de intervención se extiende desde quienes manifiestan que la función del Estado debe contraerse en “no estorbar”, hasta quienes especifican que el Estado debe simplemente trazar un marco general de orden constitucional y legal para el ejercicio de estos derechos.

 

Otros, reconocen la necesidad de intervención del Estado frente a las comunicaciones y le atribuyen funciones relacionadas con la defensa de la soberanía nacional; la gestión del espectro electromagnético; la defensa de la seguridad nacional; la persecución de los radiodifusores piratas; la distribución por tercios de los recursos entre los operadores oficiales, privados y comunitarios; el establecimiento y concurrencia de la responsabilidad de las autoridades cuando divulgan entre los medios comunicados que afectan los derechos de terceros; el control de la pauta oficial; los límites a la concentración de propiedad mediática; la actuación cuando se incurra en la injuria y la calumnia contra las audiencias o la vulneración al régimen de protección de los niños y la sanción de la pornografía infantil, etc.

 

En el reconocimiento de la potestad de intervención del Estado en las comunicaciones parece ser muy diáfano y digerible lo relacionado con los aspectos técnicos de las comunicaciones, pero, en lo que compete al posible control de los contenidos y las informaciones, inmediatamente, se activan las alarmas de los periodistas y los medios, por las posibles afectaciones a los derechos a la expresión, la información y a la libertad de prensa.  

 

En lo que corresponde al eje de preguntas que indagan por la necesidad, viabilidad, obstáculos y posibilidades para concertar acciones de autorregulación mediática e informativa en Colombia, en términos generales, se reconocen las bondades de la “autorregulación”, pero, siempre y cuando, provenga como una iniciativa de los medios y de los propios periodistas.

 

Frente a la viabilidad de implementar mecanismos de autorregulación, la diferencial se encuentra relacionada con la naturaleza del medio y la disposición de los periodistas.

 

Así, en los canales alternativos y públicos, no se encontró mayor dificultad, salvo, por las eventuales interferencias políticas e ideológicas, al tratarse de medios que, de una parte, dependen del debate ideológico en las organizaciones sociales; y, de otra parte, por cuanto, los operadores públicos constituyen empresas del Estado, cuya administración depende del resultado de la contienda electoral en los entes territoriales.

En los medios privados, la viabilidad de la autorregulación se encontró interferida por los eventuales impactos económicos de las medidas; la incidencia de las prácticas periodísticas y rutinas de trabajo cotidianas; los escasos recursos financieros y humanos para apalancar iniciativas de esta naturaleza; así como la falta de bibliografía pertinente y de organizaciones con finalidades educativas que tengan dentro de su oferta la específica formación en autorregulación de la información y los medios.

 

En una dimensión más individual y personal, se enunció que, un posible obstáculo para la autorregulación podría estar constituido por la resistencia y la receptividad que pudieran tener algunos periodistas frente a la crítica externa y la reflexión personal y colectiva sobre su quehacer en los medios.

 

Finalmente, sobre la posibilidad de concertación entre los medios para el desarrollo de actividades de autorregulación las opiniones estuvieron divididas, el 52% consideran que sería ideal un consenso entre medios, mientras que el 48% restante opina lo contrario.

 

Aun cuando, se mostró una disposición generalizada al diálogo, no fue unánime la idea de concertar para estandarizar medidas de autorregulación, dado que, si bien es cierto, se reconocen las bondades de la autorregulación, la cual, incluso se advierte como un activo instalado tácitamente en las prácticas periodísticas y comunicativas de algunos medios, se considera que las medidas autorregulatorias, son un asunto que compete a cada medio, según su naturaleza y proyecto comunicacional específico.

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